MUNDIAL DE FUTBOL GAY
Los Dogos mordieron mejor y le dieron el título a

DALE CAMPEÓN. Los Dogos fueron al frente y festejaron. Foto: Adrian Stehlik
Vencieron 1-0 al Stonewall de Inglaterra, en el encuentro decisivo jugado en Defensores de Belgrano. El gol fue marcado por un brasileño, Maikon Monteiro. El equipo argentino terminó el torneo con 39 tantos a favor y 2 en contra. Más allá de la satisfacción por el resultado, el espectáculo fue un ejemplo de integración y convivencia.
El único temor es el árbitro. Los Dogos vienen arrasando: ganaron los siete partidos que disputaron, convirtieron 38 goles y solo recibieron dos en contra. Una máquina, el equipo que representa a
Las que están ajenas a cualquier tipo de preocupación deportiva son las porristas. El primer gesto de tolerancia corre por su cuenta: entran al césped de la cancha de Defensores de Belgrano con una bandera de Excursionistas. Claro que en una final de fútbol gay, hasta la porristas tienen su particularidad: son cinco travestis. La coreografía es floja: entre las cinco sumas más siliconas que movimientos coordinados. De todos modos, se ganan los aplausos.
En la platea de la cancha del Defe entran unas mil personas, y casi no hay lugar sin ocupar. Lo extraño es la diversidad de hinchas: la mayoría son argentinos, obvio, pero también hay representantes de las distintas delegaciones que participaron del Mundial. Y todos comparten en paz las mismas gradas. Los ingleses, rubios y entusiasmados, repiten una frase, sin melodía, con pretensión de cantito de cancha. Está claro que de hooligans no tienen nada.
El partido estaba anunciado para las 13, pero empieza una hora después. Si lo hubiera televisado Torneos y Competencias esto no pasaba. El equipo inglés sorprende con la pilcha: impecable conjunto rojo con el anuncio de gay.com en el pecho. Los Dogos lucen indumentaria blanca con vivos celestes. Comienza el partido. Todo es muy amateur: hay kilos de más, imprecisiones varias, cansancio prematuro. Los Dogos salen a demostrar por qué son los favoritos. Con juego y con actitud, obligan al equipo inglés a replegarse. Pasan los minutos, el dominio argentino crece y el temor a que el árbitro juegue en contra desaparece. El cero a cero de la primera etapa es injusto.
La carta de triunfo estaba en el banco. Se llama Maikon Monteiro, es brasileño, muy alto, negro y tiene el 14 en la espalda. Un despeje le cae en la cabeza y el negro factura. Gol de Los Dogos, gol de Argentina. Uno a cero definitivo. En la tribuna asoma un tímido “el que no salta es un inglés”, mientras los hinchas aludidos se entretienen organizando una ola. Termina el partido. Hay festejo, vuelta olímpica y orgullo. No es para menos: los mejores futbolistas gays del mundo son argentinos. (Claudio Gómez para Perfil.com, 30 de septiembre, 2007)